—Corre, Martín—gritaba Bautista—. ¡Eso es!

El juego terminó con el triunfo completo de Zalacaín y de Urbide.

¡Viva gutarrac. (¡Vivan los nuestros!)—gritaron los de la calle de Urbia aplaudiendo torpemente.

Catalina sonrió a Martín y le felicitó varias veces.

—¡Muy bien! ¡Muy bien!

—Hemos hecho lo que hemos podido—contestó él sonriente.

Carlos Ohando se acerco a Martín, y le dijo con mal ceño:

El Cacho te juega mano a mano.

—Estoy cansado—contestó Zalacaín.

—¿No quieres jugar?