Se sentó Ipintza, el Loco, a la mesa y le dió el posadero las sobras de la cena. Luego se acercó al grupo que formaban los hombres de la partida alrededor de la chimenea.
—¿No queréis alguna canción?—dijo.
—¿Qué canciones tienes?—le preguntó el Estudiante.
—Tengo muchas. La de la mujer que se queja del marido, la del marido que se queja de la mujer, Pello Joshepe…
—Todo eso es viejo.
—También tengo Hurra Pepito y la canción entre amo y criado.
—Ese es liberal—dijo Dantchari.
—No sé—contestó Ipintza, el Loco.
—¿Cómo que no sabes? Yo creo que tú no eres del todo ortodoxo.
—No sé lo que es eso. ¿No queréis canciones?