—Pero, bueno, contesta. ¿Eres ortodoxo o heterodoxo?

—Ya te he dicho que no sé.

—Qué opinas de la Trinidad?

—No sé.

—¿Cómo que no sabes? ¡Y te atreves a decirlo! ¿De dónde procede el
Espíritu Santo? ¿Procede del Padre o procede del Hijo, o de los dos? ¿O
es que tú crees que su hipóstasis es consustancial con la hipóstasis del
Padre o la del Hijo?

—No sé nada de eso. ¿Queréis canciones? ¿No queréis comprar canciones a
Ipintza, el Loco?

—¡Ah! ¿De manera que no contestas? Entonces eres herético. Anathema sit. Estás excomulgado.

—¡Yo! ¿Excomulgado?—dijo Ipintza lleno de terror, y retrocedió y enarboló su blanco garrote.

—Bueno, bueno—gritó Luschía al estudiante—. Basta de bromas.

Praschcu echó unas cuantas brazadas de ramas secas. Chisporroteó el fuego alegremente; después, unos se pusieron a jugar al mus y Bautista lució su magnífica voz cantando varios zortzicos.