—Rosa Briones.

—Muchas gracias, señorita Rosa—murmuró.

—¡Oh! no me llame usted señorita. Llámeme usted Rosa o Rosita, como me dicen en casa.

—Es que yo no soy caballero—repuso Martín.

—¡Pues si usted no es caballero, quién lo será!—dijo ella.

Martín se sintió halagado y, como Rosa le indicó que callara, llevándose el dedo a los labios, cerró los ojos…

La convalecencia de Martín fué muy rápida, tanto, que a él le pareció que se curaba demasiado pronto.

Bautista, al ver a su cuñado en vísperas de levantarse y en buenas manos, como dijo algo irónicamente, se fué a Francia a reunirse con Capistun y a seguir con los negocios.

Martín pudo tomar Hernani por una Capua, una Capua espiritual.

Rosita Briones y su madre doña Pepita le mimaban y le halagaban.