—Sí. ¿Cómo lo sabe usted?
—Porque ha hablado usted mucho de ella durante el delirio.
—¡Ah!
—¿Y es guapa?
—¿Quién?
—Su novia.
—Sí, creo que sí.
—¿Cómo? ¿Cree usted nada más?
—Es que la conozco desde chico y estoy tan acostumbrado a verla que casi no sé cómo es.
—¿Pero no está usted enamorado de ella?