Marmouset sentía latir su corazón con violencia.
—¡Oh! padre mío! exclamó, ¡por favor!..... Si tenéis alguna noticia reciente del que vos llamáis el Hombre gris y a quien nosotros reconocemos como nuestro jefe.....
—No insistáis, caballero, respondió con embarazo el abate Samuel, no insistáis, pues no me es posible responderos. Básteos saber que el Hombre gris vive..... y que lo veréis un día.
Marmouset bajó la cabeza y no insistió más.
Rocambole vivía y esto le bastaba por el momento.
Además, Marmouset recordaba ahora otras circunstancias análogas que contribuían a tranquilizarlo.
Recordaba que hacía tres o cuatro años, el capitán había desaparecido súbitamente, y que después, cuando menos lo esperaban había vuelto del mismo modo.
Hablando así, el abate Samuel y sus dos compañeros llegaron a la plazuela de Rothnite-Church.
En ella había un public-house, que cerraba todas las noches muy temprano, pero donde debían velar hasta bien tarde, pues se veía filtrar un rayo de luz por los postigos de la tienda a hora muy avanzada.
Shoking llamó a la puerta de aquella taberna de un modo particular.