—Es inútil. Estoy seguro que esta sepultura es la que nos ha designado.
Aquel sepulcro consistía en una simple losa extendida por tierra.
—No tenemos instrumentos para levantar la piedra, dijo Marmouset.
—No hay necesidad de ellos, respondió el abate.
—¡Ah! ¿lo creéis así?
—Ved sino. Y el sacerdote cogió la losa por el borde, con ambas manos, y la levantó fácilmente, tanto era ligera.
Aquella losa, que parecía puesta allí, más como una puerta, que como piedra sepulcral, cubría una fosa cuyas paredes eran de mampostería.
En el fondo de la fosa se entreveía un ataúd.
Shoking no pudo contener un movimiento de terror.
—¿Tienes miedo? le dijo Marmouset.