Sin embargo, al ver aparecer al abate Samuel, un resto de vida, como el último fulgor de una luz que va a apagarse, pareció animar su mirada.

—He aquí los papeles, dijo el sacerdote.

—Si, murmuró la anciana con voz apagada, eso es..... ¡Ah!... Ahora... ya puedo morir.

Estas fueron sus últimas palabras.

Su respiración se hizo fatigosa, sus ojos se vidriaron, y se agitó con algunos movimientos convulsivos.

Un instante después exhaló el último aliento.

Betzy-Justice acababa de morir, mientras que el sacerdote católico la daba la absolución.

Vanda y sus tres compañeros pasaron la noche al lado del cadáver de la pobre Betzy.

Durante esta velada, Marmouset abrió el paquete tan cuidadosamente envuelto, y encontró en él un voluminoso manuscrito en inglés que llevaba este título extraño:

Diario de un loco de Bedlam.