Este antiguo solar, coronado de ocho torres cuadradas y macizas, con sus enormes garitas de piedra salientes y puntiagudas, está rodeado de fuertes murallas, como una fortaleza.

Desde la altura donde se halla edificado, domina ocho leguas de país por el lado de Escocia, a pesar de que su asiento es sobre la tierra inglesa.

En la edad media, los señores de Pembleton eran escoceses y seguían la bandera de los Roberto Bruce y de los Wallace.

Hoy, lord Pembleton ocupa un asiento en la cámara de los Pares, pero conserva a pesar de ello su título de barón escocés, título de que se enorgullece.

Lord Evandale Pembleton no tenía más que tres años cuando su padre murió en el combate de Navarino, donde la Francia y la Inglaterra reunidas derrotaron la escuadra turca en las aguas de la Grecia.

El niño Evandale tenía un hermano de diez y ocho meses.

Tan luego como lady Pembleton tuvo noticia de la terrible desgracia que la privaba de su esposo, dejó en seguida y precipitadamente a Londres, donde pasaba el invierno en su magnífico palacio del West-End, y fue a refugiarse, con sus dos hijos, al castillo de Pembleton. Vestida de negro de pies a cabeza, se encerró en el antiguo dominio feudal que el noble lord su esposo había casi abandonado, así como sus padres, hacía cerca de un siglo.

Al pie del peñon, y a cierta distancia en medio de la llanura, se levantaba una deliciosa quinta, enteramente moderna, rodeada de frondosas alamedas y jardines y de una extensa pradera: morada campestre, pero esencialmente aristocrática, donde lord Pembleton pasaba el otoño y la estación de la caza, y que había poblado de maravillas artísticas, adornándola con toda la riqueza y lujo moderno.

Esta quinta llevaba el nombre de New-Pembleton, es decir, Nuevo Pembleton; la casa de recreo moderna que destronaba el antiguo solar.

Y sin embargo no fue a New-Pembleton donde se refugió lady Evandale.