Fue a Pembleton-Castle u Old-Pembleton, como le llamaban en razón a su antigüedad, donde fue a ocultar su dolor la joven viuda.
¿Por qué?
Estos sucesos tenían lugar en 1828, es decir, en la primera mitad del siglo xix, era que hemos dado en llamar de civilización, y de consiguiente muy lejos de la época feudal en que los altos barones se declaraban mutualmente la guerra.
La nobleza se había convertido en la aristocracia; los altos y poderosos barones feudales, no eran más que grandes señores vasallos de la corona; y la calma más profunda reinaba en los tres reinos, convertidos en Reino Unido de la Gran Bretaña.
Sin embargo, lady Evandale, al llegar a Pembleton-Castle, dio órdenes bien extrañas para la época.
En primer lugar, hizo alzar el puente levadizo, cosa que no había tenido ejemplo hacía muchos siglos.
En segundo lugar, hizo convocar a todos los campesinos y aldeanos de las cercanías, que eran aún sus vasallos, y pobló el castillo formando en él un verdadero ejército.
Luego en fin, a ejemplo de Juana de Monfort, cuando presentaba en otros tiempos su hijo a los nobles bretones, tomó a su primogénito en sus brazos,—aquel niño que solo tenía tres años,—y mostrándolo a los fieles escoceses que habían acudido a su llamamiento, les hizo jurar defenderlo y velar sobre él.
Y aquellos honrados montañeses juraron con entusiasmo.
¿Qué terrible y misterioso peligro amenazaba pues a aquel niño, que debía un día formar parte de la cámara de los lores?