—¡Ah! ¿y por eso monseñor se llama William?

—Sí, pero al mismo tiempo no quisieron que se perdiese en la familia el nombre de Evandale.

—¡Ya! y lo dieron al hijo segundo.

—Así es, Betzy.

—Lo comprendo muy bien, Tom. Continúa tu relato.

Tom prosiguió:

—Como te refería pues, lady Evelina me dijo: En la primera parte de mi ensueño, me paseo por el parque de New-Pembleton, y llevo a William por la mano.

De repente se me figura que William se pone pálido... muy pálido, y que se trasparenta como una sombra; luego, poco a poco, su rostro va desapareciendo y queda velado tras una densa niebla.....

Después, la niebla se va disipando por grados..... y entonces, ¡oh! es horrible!..... Mi hijo, a quien no he dejado de la mano, me aparece de nuevo, Tom.......

—¿Y bien?