—Pero ha cambiado de figura.
—¡Cómo! exclamé.
—No es William, continuó milady, es Evandale. Y sin embargo, William es el que estaba a mi lado, y yo no he cesado de estrechar convulsivamente su mano.
—Bien extraño es eso, Lina, la dije; pero afortunadamente no es más que un sueño.
—Espera, Tom, prosiguió milady. Generalmente, al ver esta metamorfosis extraña, en seguida me despierto sobresaltada dando un grito.
A poco me levanto las más veces, y pasando al cuarto contiguo, voy a contemplar a mi querido William que duerme tranquilamente.
Esto disipa mis temores, y volviéndome a acostar, no tardo en dormirme de nuevo.
—¿Y soñáis otra vez, Lina?
—Sí, Tom, y entonces empieza la segunda parte de mi ensueño.
—¡Ah! veamos, exclamé.