—He cesado de pertenecer al mundo de los vivientes, y me encuentro reproducida en un retrato de familia.
Me hallo retratada en pie y vestida de luto. Ya no soy una mujer, sino un lienzo colocado en un cuadro; pero mi imagen, que reproduce ese lienzo, ve, piensa y recuerda.
Me hallo colocada en la Sala de los Antepasados de Old-Pembleton.
En frente de mí, está el difunto lord Evandale, mi noble esposo.
También se ha convertido, como yo, en retrato de familia, e igualmente como yo, ve y piensa..... y, durante la noche, hablamos por lo bajo, en aquella larga galería, rodeados de nuestros mayores que nos contemplan con tristeza.
Las ventanas de la Sala de los Antepasados están todos abiertas; la luna inunda de su dulce claridad la campiña, y podemos descubrir allá bajo, en la llanura, los blancos muros de New-Pembleton y las frondosas arboledas de su parque.
En la argentada zona que ilumina allí la luz de la luna, vemos a un hombre que se pasea, dando el brazo a una mujer que nos es desconocida..... Muchos gentlemen los acompañan.
Y oímos distintamente que todos ellos llaman al hombre milord y milady a la mujer.
—¡Ah! aquel hombre es lord William sin duda! dije.
—No, repuso lady Evelina, es Evandale.