—¿Sir Evandale..... lord?
—Sí.
—Pero, entonces.....
—Entonces, prosiguió milady, mi difunto esposo y yo, que no somos ya más que retratos de familia, nos miramos el uno al otro tristemente, y lágrimas verdaderas brotan de nuestros pintados ojos.
—Pero, para que sir Evandale sea lord, es preciso.....
Aquí me detuve, no osando completar mi pensamiento.
—Es preciso que William haya muerto, ¿no es verdad? me dijo milady.
—Sí, Lina, le contesté.
—En eso te engañas, Tom.
—¿Es posible?