—Es verdad; pero sir Jorge ha caído y no ha podido levantarse.
—¿Qué importa? El hecho evidente es que sir James se ha alejado dejándolo vivo.
—¡Oh milady, la contesté, bien comprendéis que un hombre que cae con una pierna rota en una selva indiana, no sale ya de ella. Los tigres se encargan de acabar con él.—Por lo demás, ¿no recordáis que todos los periódicos anunciaron por aquel tiempo que se había encontrado el cuerpo de sir Jorge medio devorado por las fieras?
—Sí, repuso milady, han encontrado un cadáver completamente desfigurado, cubierto con un jirón de uniforme; pero, ¿era sir Jorge en efecto?
—Vamos, Lina, exclamé, veo que os dejáis llevar de terrores insensatos. Yo os aseguro que sir Jorge ha muerto.
Pero milady, movió tristemente la cabeza y me dijo:
—No importa: sea como quiera, me decido a dejar la residencia de New-Pembleton.
—¿Y adónde queréis ir?
—Allá arriba.
—¿Al antiguo castillo?