—Sí.

—Como comprendes bien, mi querida Betzy, acabó Tom, yo no he debido discutir esa determinación. Yo no puedo querer sino lo que milady quiere. Y esta es la razón por la que estamos aquí.

Betzy dejó escapar un suspiro.

—Sí, murmuró, estamos aquí, aislados en estas montañas, y la salud de milady se debilita más cada día.

—Eso es verdad.

—Y los médicos dicen que está atacada de una enfermedad mortal.

—¿Quién sabe? los médicos se equivocan muchas veces, dijo Tom.

Betzy movió la cabeza con desaliento.

—Además, yo no te he dicho que he ido ya a ver a John Pembrock, añadió Tom.

—¿Y quién es ese hombre?