Y la voz de sir Evandale temblaba de emoción.
—Positivamente.
—¿Y... muy pronto?
—Antes de un mes.
—Pero no mataréis a lord William, ¿no es verdad?
—No. Ya te he dicho que no morirá.
—¿Me lo juráis?
—Te lo juro.
—Está bien, dijo sir Evandale exhalando un suspiro.
Y en seguida añadió: