—Y ahora, dijo sir Evandale, ¿qué vais a hacer de mi hermano?
—Vas a ayudarme a trasportarlo fuera de la quinta.
—¿Cómo?
—Primero vamos a llevarlo a tu cuarto.
—Bien.
—Dos hombres han colocado una escalera de mano contra la ventana y me esperan abajo.
—¿Y quiénes son esos dos hombres?
—El teniente Percy y el capataz de presidio John.
—Pero es necesario tener en cuenta, observó sir Evandale, que una vez fuera de esta atmósfera, se despertará bien pronto.
—Sin duda.