XXXII
diario de un loco de bedlam.
XVIII
Sir Evandale volvió a poco al dormitorio de lord William.
La bujía seguía ardiendo.
El digno hijo de sir Jorge, después de haber echado una mirada recelosa en su rededor, fue a sentarse en el sillón donde se había dormido algunas horas antes.
—Ahora, murmuró, poco me importa volverme a dormir, y aun por el mayor tiempo posible. Prefiero que sir Archibaldo y su hija se despierten antes que yo.
En efecto, por seguro que estuviese de si mismo, sir Evandale temía ver despertarse a las personas que estaban allí encadenadas por un sueño letárgico.
¿Qué iba a suceder cuando llegaran a descubrir que lord William o más bien el hombre que le había sustituido estaba muerto?
Preocupado con este pensamiento, sir Evandale no tardó sin embargo en dormirse bajo la influencia de las emanaciones narcóticas de la bujía.