Pero cuando en fin, esta llegó a apagarse, la atmósfera se fue despejando poco a poco, y al cabo de una hora se despertó sir Archibaldo.
Solo que al despertar, sintió que se ahogaba, que le faltaba aire.
El olor fétido que antes le había impresionado se dejaba sentir aún con bastante fuerza.
Sir Archibaldo hizo un violento esfuerzo, se levantó vacilando y, arrastrándose hacia una de las ventanas, dio un puñetazo en los vidrios.
Uno de ellos saltó en mil pedazos.
Al mismo tiempo una fuerte bocanada de aire penetró en el cuarto e instantáneamente purificó aquella atmósfera viciada.
El efecto fue rápido como el pensamiento.
Miss Anna se despertó en seguida, y el ayuda de cámara no tardó también en volver en su acuerdo.
Solo sir Evandale permaneció al parecer profundamente dormido.
El dormitorio estaba débilmente alumbrado.