En la misma mañana del día en que lord Evandale debía enlazarse con miss Anna, la hija de sir Archibaldo, fue, como sabemos, cuando Tom anunció a su joven amo que dejaba inmediatamente su servicio.
Ya hemos visto que Tom estaba en Londres cuando tuvo lugar el fatal acontecimiento que acabamos de contar.
Tom volvió, lloró a su amo y lo creyó realmente muerto.
Y como lord Evandale parecía sentir tan vivamente la desgracia de su hermano, el fiel criado no sospechó ni un solo instante la verdad.
Sin embargo una noche, algún tiempo después de su vuelta, Tom fue testigo invisible de una escena extraña.
Hallábase asomado a una ventana de su cuarto, que daba al parque, respirando por algunos momentos el aire de la noche, cuando vio deslizarse a un hombre por entre los árboles, y acercarse cautelosamente a la casa.
Aquel hombre era Nizam el Indio.
Tom se preparaba a bajar para echar fuera a aquel mendigo, cuando se abrió una puerta excusada de la quinta, y otro hombre salió de ella furtivamente.
La luna inundaba de luz los jardines y se veía como en medio del día.
Tom examinó a la persona que acababa de salir y reconoció con sorpresa al joven lord Evandale.