—¿Cómo un lord ha podido ser deportado?
—¡Oh! replicó Tom, esa es una larga y tenebrosa historia que no puedo contaros hoy.
—¡Ah!
—Pero voy a haceros una proposición.
—Decid.
—Según he visto, sois muy pobre.
—Me muero de hambre.
—Pues bien, ¿queréis ganar diez libras por mes?
Los ojos del antiguo deportado brillaron de codicia.
—¡Diez libras! exclamó.