Aquella carta estaba firmada por lord Evandale Pembleton.

Y no podía dudar, pues era en efecto la firma de mi hermano.

Sir Evandale escribía al gobernador de la Nueva Zelanda:

«Señor Gobernador:

»He tenido en efecto un hermano mayor llamado lord William.

»Pero lord William ha muerto en New-Pembleton hace cosa de dos años.

»Su muerte fue ocasionada por la picadura de un reptil venenoso.

»Os incluyo el acta de defunción certificada por el Sheriff del condado y firmada por tres testigos dignos de fe, para que no os quede duda sobre la autenticidad de ese documento.

»Mi familia me aconseja presentar una queja a los tribunales, a fin de que el miserable que ha osado tomar el nombre de mi desgraciado hermano, reciba el condigno castigo.»

—¿Y bien? me dijo el comandante, ¿persistís aún en vuestras aserciones?