Durante un año viví lleno de resignación y sobre todo de esperanza.

Algo me decía, Tom, que andabais en mi busca: y aun cuando jamás he podido darme cuenta cómo, durante mi pasajera locura, he podido ser confundido con un criminal y hallarme en una colonia lejana haciendo la vida de un forzado; más de una vez pensaba que mi hermano debía investigar cuál había sido mi suerte.

Tom bajó la cabeza y no respondió.

—En fin, al cabo de un año, el comandante me hizo llamar.

—¿Y bien? me dijo, ¿sois ya más razonable?

Esta pregunta me dejó helado.

—Ya sabéis, añadió, que escribí a Inglaterra.

—¿Y os han contestado?

—Sí.

Y diciendo esto me entregó una carta.