—Estoy tranquilo, dijo.

Y como Vanda, Marmouset y los demás le miraban con curiosa extrañeza, el buen Shoking añadió:

—Yo he vivido largo tiempo en compañía del jefe, y puedo asegurar que, si no lo habéis visto muerto, es que se ha escapado de la catástrofe. Yo lo conozco.

La confianza de Shoking se comunicó a todos los demás, excepto a Vanda que no participó de ella.

Los más siniestros presentimientos seguían agitando su espíritu.

—En fin, dijo Marmouset, ¿cómo habéis llegado hasta aquí?

—Veníamos en busca vuestra, respondió el jefe fenian.

—¡Ah!

—Os habéis anticipado a nosotros, y contrariado de consiguiente mis planes. Si ha sucedido una desgracia, a nadie debéis culpar sino a vosotros mismos, dijo aquel hombre con una calma enteramente británica.

Marmouset se sintió herido y se irguió con altivez.