—Y grande era nuestro temor de que hubieseis perecido o de que os hallaseis enterrados vivos, prosiguió Shoking.

Al mismo tiempo buscaba con la vista a Rocambole y, no hallándolo, exclamó:

—Pero, ¿dónde está el Hombre gris?

Marmouset movió tristemente la cabeza.

Shoking dejó escapar un grito ahogado.

—¿Muerto? murmuró.

—Esperamos que así no sea, repuso Marmouset.

—¡Cómo!... ¿Qué queréis decir? preguntó Shoking fijándose en Marmouset en el colmo de la ansiedad.

Este le contó en dos palabras todo le que había pasado.

Entonces volvió a aparecer la sonrisa en los labios de Shoking.