Marmouset no se había engañado.
El hombre que tan providencialmente llegaba, era Shoking en efecto.
Shoking que venía con una linterna en la mano, alumbrando a otra persona que marchaba a su lado, y que Marmouset reconoció igualmente.
Era uno de los jefes fenians que habían prometido salvar al Hombre gris.
Marmouset al ver esto, se volvió hacia los que le seguían, y que también se habían parado a su ejemplo, y les dijo:
—Podemos avanzar. Son amigos.
Shoking se adelantaba en tanto, y acabó por percibirlos a su vez.
Y reconociendo a Marmouset, lanzó un grito de alegría y vino a echarse en sus brazos.
—¡Ah! exclamó, hace largo tiempo que os andamos buscando.
—Así es, dijo el fenian.