—Pero permitidme, ¿en qué puede eso interesarme?

—En que ese misionero ha conocido mucho a un antiguo deportado que se llama Walter Bruce.

Lord Evandale palideció y guardó silencio por algunos instantes.

Lady Pembleton y su padre se miraron con inquietud.

—¿De veras? dijo en fin lord Evandale.

—Y aun puedo añadir que ese Walter Bruce se halla hoy en Londres.

—¡Ah!

—Y que según parece...... pretende llamarse lord William Pembleton.

—¡Ese hombre es un impostor! exclamó lord Evandale.

—Tal es mi opinión, dijo fríamente el reverendo Patterson.