»Hoy se halla casi ciego, y vive con su hija que lo sostiene con su trabajo.

»No será necesario mucho dinero para decidirlo a hablar.»

Tom llevó este billete a lord William.

El joven lord lo leyó y frunció el entrecejo.

—Amigo mío, dijo, temo una asechanza. No vayas a Perth.

—¿Una asechanza? exclamó Tom admirado.

—Yo he observado con atención a miss Anna durante nuestra entrevista, prosiguió lord William, me ha reconocido perfectamente.....

—¡Ah!

—Y no solamente esa mujer no me ama ya, sino que lo sabe todo y se ha hecho cómplice de su marido. Ha venido a verme con el solo objeto de hacerme partir de Londres. Me he resistido a ello, y... las hostilidades comienzan.

—Pero, ¿con qué objeto pretenden hacerme ir a Perth, sino debo hallar allí al teniente Percy?