—Con el objeto de separarnos.

—Tal vez tenéis razón, dijo Tom. En vez de ir allá, voy a escribir.

Tom tenía algunas relaciones en Perth: entre otras personas, conocía a un antiguo chalán, con quien había andado en tratos en otro tiempo para renovar las caballerizas de Pembleton.

Pensó pues en él, y se fue en seguida a una oficina de telégrafos y le envió el despacho siguiente:

«Mi antiguo amigo:

»Perth es una ciudad tan pequeña, que todo el mundo debe conocerse en ella.

»Así, no os será difícil averiguar si se encuentra un teniente de presidio retirado, llamado Percy.

»Me haréis en ello un gran favor.

»Respuesta pagada.

Tom,
»Antiguo mayordomo de lord Pembleton.