—Ahora, milord, os juro por la salvación de mi alma, que si un día salgo de aquí, trabajaré sin descanso en reparar todo el mal que he hecho.

Lord William movió tristemente la cabeza.

—No se sale de Bedlam, dijo.

Pero Betzy, que se hallaba presente, respondió:

—¿Quién sabe?

La animosa escocesa había encontrado un medio de evasión, y pensaba emplearlo de seguida, de la manera que va a verse.


LIII

diario de un loco de bedlam.

XXXIX