Betzy comprendió que se trataba de una exhumación ilegal; y supo así al mismo tiempo quiénes eran los hombres que se reunían algunas veces a deshora en el cementerio de Rothnite.

Aquellos hombres eran fenians.

Uno de ellos había muerto en el barrio, y lo enterraron de consiguiente en aquel sitio.

Pero sus amigos y correligionarios querían sacar de allí furtivamente sus despojos, para trasportarlos sin duda al cementerio de San Jorge, que es una iglesia católica como todos saben.

Betzy era escocesa, y anglicana por consiguiente.

Y sin embargo, un sentimiento extraño la hacía interesarse en aquella exhumación.

Inmóvil detrás de la reja, y penetrando la niebla con su mirada ardiente, vio abrir la fosa y extraer el cuerpo del fenian:—y solamente cuando aquellos dos hombres se alejaron en fin con su fúnebre fardo, fue cuando Betzy salió de su inmovilidad, y se dirigió lentamente hacia su triste habitación de Adam street.

Pero no pudo dormir en toda la noche, y esperó el día con impaciencia.

Apenas apuntó el alba, Betzy abandonó su buhardilla, se dirigió hacia el templo protestante, y entró en el cementerio.

Los alrededores estaban desiertos aún.