¿Quién lo había puesto en aquel sitio?

¿Conocían por ventura los fenians aquel paso subterráneo?

Marmouset se había aproximado también, y así como su jefe, examinaba con asombro aquel barril, y parecía hacerse las mismas preguntas.

Vanda y los demás permanecían a cierta distancia.

Rocambole guardó silencio por algunos instantes y dijo al fin:

—Es imposible que los fenians hayan traído aquí este barril.

—¿Quién queréis que sea entonces, capitán? preguntó Marmouset.

Rocambole iba y venía alrededor del tonel y lo examinaba detenidamente.

En fin su frente pareció serenarse y la sonrisa volvió a sus labios.

—Amigos míos, dijo, en la época en que este barril ha sido trasportado aquí, ni nosotros ni nuestros padres habíamos nacido.