Ahora volvamos algunos pasos atrás y vengamos al momento en que tuvo lugar la última explosión de la galería.
La sacudida había sido tan fuerte, de una violencia tal, que Rocambole y Milon fueron derribados por tierra.
Pero apenas caídos, se levantaron con la misma presteza.
—¡Victoria! exclamó Rocambole, el camino está abierto.
Veíase en efecto la claridad de la luna por la abertura de la galería.
Y volviéndose en dirección de la sala circular, gritó a sus compañeros:
—¡Adelante!... Seguídme!
Y corrió hacia la salida.
Milon le seguía de cerca, y gritaba como él llamando a sus compañeros.
Así marcharon unos cuarenta pasos.