Pero ya hemos visto la catástrofe que tuvo lugar inmediatamente. De pronto un ruido espantoso, como el que produciría el desplome completo de un edificio, resonó a su espalda e hizo temblar violentamente el suelo del subterráneo.

Rocambole arrojó un grito y volvió la cabeza para atrás.

El primer hundimiento acababa de efectuarse, viéndose así separado de sus compañeros.

Pero Rocambole no perdía fácilmente su presencia de espíritu.

—¡Adelante! repitió dirigiéndose a Milon. Salgamos de aquí ante todo. Cuando nos hallemos fuera, ya encontraremos el medio de libertarlos.

—¡Adelante! repitió Milon.

Y siguió corriendo al lado de su antiguo capitán.

Así iban, y ya veían brillar ante ellos las aguas argentadas del Támesis, cuando un ruido, más espantoso aún que el primero, se dejó oír de repente y conmovió de nuevo la galería.

Esta vez, la luz de la antorcha que llevaban se apagó también, y se encontraron envueltos en las más profundas tinieblas.

La sacudida fue también tal, que rodaron de nuevo por tierra.