El suelo oscilaba y crujía como en medio de un violento terremoto; y a los hundimientos gigantescos que acababan de presenciar, se sucedían otros hundimientos parciales. Acá y allá caían piedras de todos tamaños, y una de ellas pasó rasando la cabeza de Rocambole.

Sin embargo, aparte de alguna contusión ligera, logró salir sano y salvo de aquel cataclismo.

Un momento después, la voz angustiada de Milon se dejó oír en medio de las tinieblas.

—¡Capitán!... Capitán! decía, ¿dónde estáis?

—Aquí, repuso Rocambole.

—¿Herido?

—No.

—Ni yo tampoco.

—No des un paso, dijo Rocambole, esperemos.......

En fin, a poco cesó el desplome y conmoción general y todo volvió a entrar en silencio.