Cuando estábamos al pie de la loma de "La Gloria", y antes de haberse recibido el telegrama del general Monteagudo, el general Mendieta me confesó que aquella posición estaba ocupada por más de 2.000 hombres armados, sin contar los desarmados, que sumaban un crecido número. Más tarde, cuando el combate en la finca "Mayala", á dos leguas del ingenio "Hatillo", me dijo que allí habían unos 1.000 hombres al mando de los cabecillas Zapata y Parada, y el grupo de Tito Fernández, al cual, si bien no me han dicho oficialmente nada, calcúlansele unos 800 hombres. Esto sin contar gran número de partiditas de doscientos, cien y cincuenta hombres, que merodean por diversos lugares de esta región. Hablando con el Jefe de Estado Mayor, teniente coronel Varona, me ha dicho que esos grupos no tienen ninguna importancia, desde el punto de vista militar, toda vez que una columna de 100 hombres, entre caballería é infantería, puede batirse con una de esas partidas, por numerosa que sea.
En el combate librado en la mañana del día 30 del pasado, pude observar el excelente ánimo de los soldados ante el enemigo. Cada vez que una granada explotaba sobre un grupo de alzados, producía un entusiasmo extraordinario, no sólo entre los soldados que servían las piezas, sino entre los de infantería y caballería, todos los cuales daban saltos y lanzaban interjecciones saludando el desastroso efecto que la metralla producía en las filas rebeldes.
También participaban de esas explosiones espontáneas de entusiasmo los oficiales, muchos de los cuales pedían permiso al general Mendieta para desalojar con la caballería á sus órdenes el campamento enemigo.
El triunfo hacía que por un momento se identificasen desde el general Mendieta, que sereno y reflexivo, daba órdenes, hasta el último soldado que hacía funcionar una ametralladora y se animaba cuando veía que á sus disparos, caían muertos ó heridos los enemigos de la paz.
Llegó la hora del reconocimiento, y todos querían ir; pero el general Mendieta, que no se deja impresionar, no consintió en ello, autorizando á su ayudante el teniente Carrerá y al teniente veterinario Federico Cagigal, para que acompañasen á las fuerzas del capitán Castillo en el reconocimiento.
Un detalle que no se me pudo escapar, fué que los soldados que con más ahinco trabajaban y más esfuerzos hacían, eran los pertenecientes á la raza de color. Y es que ellos no se consideran más que servidores de la patria, teniendo verdadero amor por el ejército y dentro de éste por su compañía ó escuadrón. Así se explica que en lo más reñido del combate se les oyera gritar: ¡Arriba el Escuadrón M! ¡Viva la Tercera Batería!
Muchos oficiales se me han acercado para pedirme que recuerde por estas líneas á las Cámaras que el Ejército de Cuba es el único en el mundo que no tiene Montepío, y que cuando un oficial muere, deja en la miseria á su esposa é hijos.
La edición extraordinaria de la Gaceta Oficial, que inserta la Alocución del señor Presidente, es repartida profusamente y circula mucho entre todos los elementos.
X
EL COMBATE DE YARAYABO[*]
San Luis, Oriente, mayo 30, á las 2 y 10 tarde.