Duermen casi todos en el suelo, cubiertos con un par de yaguas, y las mujeres van á los bohíos cercanos al campamento con sus chiquillos. Muchas de ellas llevan al cinto enormes machetes "paraguayos", y su aspecto resulta entre cómico y repulsivo.
El predominio sobre una de estas mujeres ha costado en distintas ocasiones derramar mucha sangre, pues los Jefes que no tienen "costilla", quieren á toda costa conseguir una "mitad", aunque ésta sea ajena.
Los espías están en todas partes. No es extraño, cuando un grupo de oficiales del ejército se encuentra hablando sobre estos sucesos, ver á un negro que disimuladamente escucha, ni observar que en los alrededores del Cuartel de la Rural se encuentran tipos sospechosos que se fijan en todo y todo lo escudriñan. Frente al mismo cuartel hay un caserón que durante el día está repleto de hombres negros y por la noche sólo se ven en él mujeres. Raro es el día en que no se hagan varias detenciones de estos confidentes, á muchos de los cuales se les han encontrado documentos comprometedores. Todos los detenidos son enviados á Santiago de Cuba á disposición del Juez Especial, que instruye esa causa. Cuando las tropas salen á operaciones, no es raro ver en muchas casas á las mujeres que allí hay—pues los hombres no abundan—lanzar miradas impregnadas de odio, y hasta se da el caso frecuente de que al pasar las tropas cierran las puertas en señal de desprecio.
Es algo que ha prendido demasiado en el corazón de los ignorantes esta cuestión de alzamientos, para desgracia de Cuba, y no es muy difícil, como ha quedado demostrado con este levantamiento, el reunir varios centenares de desdichados que se lancen á locas aventuras, aunque éstas sean tan peligrosas para la patria como la actual.
Por donde quiera que pasan Estenoz é Ivonet, siembran la alarma entre los negros que encuentran pues les dicen que el ejército viene siguiéndoles y mata á todos los negros que halla en su camino. Esta falsa alarma les dió excelentes resultados en un principio, puesto que la mayor parte de los negros campesinos, á los cuales importa muy poco lo de la "Ley Morúa", se apresuraron á engrosar las filas rebeldes. Otros, estos están en gran mayoría, fueron con el santo propósito de apropiarse de lo ajeno ó de vengarse de sus enemigos, lo que podían lograr con absoluta impunidad para sus criminales fechorías.
Aunque parezca una paradoja, también hay blancos "Independientes de Color". Estos resultan aun más criminales que los negros, puesto que su intervención en este asunto es puramente viciosa, aunque hay muchos casos en que el principal móvil del alzamiento es el caballo, pues antes de consentir que les quiten sus rocinantes, acompañan á los alzados, exponiéndose á las consecuencias.
No pasa un día sin que alguna persona se acerque al general Mendieta y le haga saber que partidas de miles de hombres alzados se encuentran rodeando su finca y que han amenazado quemarla; otros que han visto 500 hombres armados hasta los dientes, que se encontraban esperando el paso de un tren, y cuando se ordena la salida de un escuadrón para el lugar en que se ha dicho que estaba la tal partida, resulta que no se ha visto á nadie y que todo se encuentra en absoluta tranquilidad. Hace dos noches, el dueño del ingenio "Hatillo", decía por teléfono al general Mendieta que más de mil hombres rodeaban su finca, y al llamar el general al capitán jefe del destacamento de ese ingenio y preguntarle lo que hubiera de cierto en lo dicho por el propietario de la finca, aquel militar respondió que era inexacto, toda vez que solo había tenido unos cuantos tiros con una pequeña partida que merodeaba por aquellos lugares.
Así se hinchan todas las cosas por aquí.
Por las lomas que rodean los pueblos de Songo y La Maya, hay una clase de negros que solo pueden compararse con los que hacen la vida primitiva en medio de las espesuras de las selvas africanas. Van enredados en unos rosarios, cuyas cuentas son de múltiples colores, y se pasan la vida consultando si las balas del ejército les harán daño, para lo cual suspenden en el aire una punta del rosario, y si el viento empuja éste á la derecha, las balas los respetarán; mas si es al contrario, castigan sus cuerpos para ganar indulgencia, pues los proyectiles pueden alcanzarles.
Debe ser curioso ver á un regimiento de esos fanáticos, entregados á consultar sobre el destino de sus vidas.