Eso sí; tan pronto como quedó comprobado que se habían presentado partidas de negros armados en diversos lugares de la República, empezaron á rodar cañones y á desfilar regimientos; medida tardía y no siempre eficaz, cuando se trata de países sólo independientes y soberanos á medias, cuyos tutores no suelen proceder con esos miramientos que en la práctica del derecho internacional sólo se guardan entre sí los estados que mutuamente se temen y respetan.
Yo no dudo (¡líbreme Dios de ello!) que nuestro ejército, tan bello, tan brillante y tan sabiamente adiestrado, sea capaz de aplastar en plazo más ó menos largo, la criminal revolución que hoy nos aflige; pero estoy firmemente convencido de que más eficaz que los combates heróicos y las victorias gloriosas hubiera sido un golpe policiaco, dado algunos días antes del levantamiento.
Bien es verdad que aun en el supuesto de que Estenoz y los suyos hubieran caído en poder de las autoridades, es más que probable que nada desagradable les habría ocurrido, sino todo lo contrario. Hay, por lo menos, motivos para pensar así, teniendo en cuenta los hechos pasados.
IX
EL IMPERIO DE LA CONVULSION
San Luis, Junio 1.º
Después de haber hecho largos recorridos por esta comarca, que se encuentra completamente infestada de alzados, y de haber tenido oportunidad de hablar con varios de ellos acogidos á la legalidad, he podido formar un juicio aproximado de la verdadera situación de esta rica zona, que tan desolada se encuentra, con motivo de los actuales acontecimientos.
Al principio, nadie le concedió por aquí gran importancia al alzamiento; pero apenas comenzaron á llegar noticias alarmantes, los que viven á distancia de las poblaciones se pasaban el día en éstas, ávidos de saber las últimas noticias del movimiento y llenos de una gran incertidumbre, pues luchaban entre la idea de abandonar sus bohíos, con sus animales y sus siembras, ó aguardar en el campo la terminación de este movimiento. Pero como las noticias eran cada vez más alarmantes, esto produjo en todos los montunos el efecto más desastroso, y comenzaron á llegar á las poblaciones carretas cargadas de muebles, gallinas y frutos, y á los destacamentos de la Guardia Rural venían los hombres con sus caballos á ofrecerlos al Gobierno, antes que las hordas de alzados se apoderasen de ellos. Y daba pena ver como aquellos hombres elogiaban sus respectivas cabalgaduras, para que les fuese abonado mejor precio, haciendo cada uno la historia de su jamelgo, y recordando los trabajos y penalidades que tuvo que pasar para adquirirlo. De las bodegas situadas en los lugares lejanos de los pueblos también llegaban las carretas cargadas de mercancías, para depositarlas en lugares seguros donde no alcanzaran los vales del llamado "Ejército Reivindicador". Los viajantes de casas comerciales venían á exigir el saldo de sus cuentas á los establecimientos, y la desconfianza se entronizó en todas partes.
He departido con varios alzados, de los que se han presentado á las autoridades, los que me han referido la vida, no muy tranquila, que se hace en sus campamentos. Por la mañana muy temprano se toca diana y se procede á repartir las guardias de avanzadas y centinelas, lo que es motivo para que se originen serios disgustos, pues como es muy extraño encontrar entre éllos un soldado, ya que casi todos tienen elevada jerarquía militar, no se conforma un comandante con hacer centinela ó estar tres horas sobre un árbol en las avanzadas vigilando al enemigo.
Por otra parte, es tal el desarrollo del instinto de conservación entre los revoltosos, que sus avanzadas las ponen á cuatro leguas de sus campamentos, con el fin de que, caso de ser atacados, tener tiempo suficiente para ponerse á prudencial distancia de las fuerzas del ejército.
Terminada esta operación, que por lo regular siempre finaliza con escenas violentas, se dedican á "forragear", lo que significa procurarse cada cual sus alimentos para el día, en cuya labor no reparan en medios, pues lo mismo saquean una bodega, que le roban á un campesino todas sus aves de corral. Así transcurren las horas hasta la caída de la tarde, en que se entregan al baile africano conocido por el "maní", y entregados á esa salvaje expansión, llena de movimientos lúbricos, están hasta muy entrada la noche.