La enérgica voz del capitán Perdomo, volvióse á oir: Un pelotón por el flanco izquierdo—dijo—La vanguardia que avance rápida por el centro. Teniente Ortega, lleve el resto de la columna sobre aquella loma, y picando con sus espuelas los hijares de su brioso caballo, éste se puso en carrera veloz sobre el campo enemigo, seguido de un grupo de valerosos soldados.
Los rebeldes al verse tan inesperadamente atacados, trataron de hacer resistencia al empuje de nuestros soldados; pero el teniente Ortega que mandaba el resto de la columna del capitán Perdomo, y que como decimos antes, se encontraba en un lugar conveniente, cuidando de la impedimenta y de las secciones de ametralladoras, dispuso que una de esas temibles máquinas fuese emplazada para proteger con su mortífero fuego el avance de las tropas. Tan pronto la ametralladora que estaba montada, comenzó á vomitar cientos de balas por minuto, los alzados emprendieron precipitada fuga, perseguidos muy de cerca por el aguerrido oficial Luis Hernández, el cual llegó tan cerca de los grupos rebeldes, que su machete aún guarda, huellas de la sangre de algunos de ellos.
El sargento Manuel Montalvo, de las ametralladoras hacía funcionar, en unión del soldado Martínez una de aquellas temibles máquinas, que tantas bajas produjeron á los rebeldes.
El fuego de fusilería continuaba rudo, gritos de dolor, mezclados con voces de mando, dejábanse oir, el tiroteo estaba en todo su apogeo; pero á medida que el tiempo transcurría, éste iba cesando hasta que paulatinamente desapareció. Eran las 5 y 15 de la tarde. El Sol comenzaba á esconderse detrás de las copas de los altos árboles, de que se componía el monte donde tenía lugar la trágica contienda.
De pronto un pequeño grupo de rebeldes se deja ver sobre una pequeña loma cercana al lugar en que la caballería se encontraba, el capitán Perdomo no se hizo esperar. Corneta, toca á la carga: dijo, y al escuchar los soldados los bélicos sonidos de la trompeta pusieron al galope sus cabalgaduras y segundos después, se había entablado una cruenta lucha, cuerpo á cuerpo, de la que no salieron muy bien tratados los Independientes que la sostuvieron, breves minutos.
Sería una falta, que jamás nos perdonaríamos, si no hiciésemos mención de los sargentos Pérez y Montalvo y los cabos Díaz y López del escuadrón "F" de la Guardia Rural; y á los también cabos del escuadrón "L" Martínez y Pérez, que tan heróicamente se comportaron en esta acción.
Ya terminado el fuego, procedióse, á pesar de lo avanzado de la hora, á practicar un reconocimiento en el campo de batalla, el que dió como resultado que se encontraron 12 cadáveres, dos de los cuales estaban en el lugar donde se rompió el fuego por el teniente Llaca, también se ocupó al enemigo 30 caballos, sacrificándolos acto seguido por no encontrarse útiles.
También se ocuparon diversos objetos, tales como hamacas, sombreros, zapatos y muchas monturas, lo que demuestra palpablemente lo precipitados que anduvieron los revoltosos para ponerse fuera del alcance de las temidas balas de nuestros valerosos soldados.
Terminada la operación, la columna se acampó en "San José", después de haber recorrido 12 leguas. Solo un mulo fué herido por los alzados.
Aquella noche hubo rancho extraordinario para los soldados, y en el campamento reinó la mayor alegría.