Alcázar de Said.—Navajero dice: «que de la parte por donde viene el Genil, ya casi en la llanura... hay asimismo palacios y jardines medio arruinados que eran de dichos reyes moros, y aunque es poco lo que de ellos queda, el sitio es muy delicioso y también se ven allí todavía mirtos y naranjos... Más abajo, en lo llano, pasado el Puente de Genil y mucho más á la izquierda que los otros palacios, existe uno conservado en parte, con muy bella huerta y estanque que se llamaba el Jardín de la Reina, etc.»
Hemos estudiado con detención los restos de este alcázar de Said, como lo han titulado los modernos arabistas, y hecho lo posible por conservar los arabescos con el color y carácter que ha impreso un período de siete siglos sobre sus delicados detalles[174]; el pavimento es una de esas solerías que llaman los árabes almorrefas, y el espacio liso, hasta la primera faja de inscripción, estaba destinado para tapizados de tela ó cueros semejantes á los que ponían en la Alhambra, donde hemos hallado muy recientemente hierros en forma de alcayatas para sujetarlos.
Sección de la Torre de Said.
En tiempo de Mohamad I sirvió para alojar una larga temporada al infante Don Felipe, cuando huyendo de los sinsabores de la corte de Alfonso X, vino con otros caballeros á disfrutar las delicias de este pintoresco país, y la galante oferta del rey moro. La arquitectura parece más antigua que la de la Sala de Comareh, y pudiéramos asegurar que es del tiempo de los Almohades, aunque hoy contemplamos una parte muy pequeña de lo que existió.
A algunos pasos de distancia y frente á la puerta, se halla el muro de un hermoso estanque, citado en los romances moriscos por ser este el que podía remedarse á un mar artificial cubierto de embarcaciones donde en más de una ocasión hubo juegos navales, figurando el incendio de los galeones cristianos[175]. No hay vestigios en Granada de un lago artificial más extenso.
Planta de la Torre de Said.
En una casita de labranza que se ve á la cabecera de estos gruesos muros, hay bóvedas subterráneas y fundamentos de construcciones árabes, y según los títulos de posesión de toda la finca, pertenecía á la sultana Aixa, madre de Boabdil, y fué vendida á un rico judío de Granada pocos días antes de la rendición de la ciudad, cuyo judío la vendió á los antecesores de los actuales dueños.