Campo de los Mártires.—Puerta del Sol.—Abulnest.—El campo de los Mártires es uno de los sitios mas pintorescos de esta ciudad. En tiempo de los árabes esta cumbre se llamaba Campo de Abahul, en el que había grandes subterráneos, especie de silos, donde según la usanza africana y de muchos pueblos orientales, se encerraban los granos excedentes del consumo, en los años de grandes cosechas. En nuestro tiempo hemos visto llenar de escombros estos anchurosos silos.

Aben Comixa, alcaide de la Alhambra, entregó en este campo la llave de la puerta de los Siete Suelos, que era entonces la principal de este real sitio, á los primeros caballeros que vinieron á tremolar el estandarte cristiano en las torres de la Alcazaba. Aquí, pues, terminaba el camino que los condujo desde la ermita de San Sebastián hasta la Alhambra, donde penetraron sin que se apercibieran los habitantes de la ciudad; pero falta saber si fué por la cuesta llamada de Peña Partida por donde pasaba el camino, pues hemos visto en un legajo del archivo de la Casa Real un acta formada con motivo de haberse mandado derribar la Gran Mezquita de los Reyes, que dice vinieron los conquistadores hasta la Puerta de los Siete Suelos por un camino que pasaba cerca del lugar donde se construyó el convento de Carmelitas, y hoy se encuentra la casa de Don Carlos Calderón.

La barriada que hay por bajo de este campo se hallaba en tiempo de los árabes habitada por los judíos y los cristianos. La iglesia de San Cecilio que hay en ella fué conservada durante la dominación mahometana y se reedificó después. La plaza, delante de esta iglesia, se llama Campo del Príncipe, por la muerte del infante Don Juan á consecuencia de una caída de caballo que sufrió en este sitio. Lleva hoy una gran parte de este barrio el nombre de Antequeruela, porque á él se vinieron á morar los vencidos de Antequera en 1410.

La Puerta del Sol.—Se hallaba al extremo de la calle de los alamillos, cerca de las Torres Bermejas, y abierta en la muralla ó recinto que descendía hasta cerca de la Casa de los Tiros. Hoy no tiene este sitio importancia alguna monumental ni histórica, más que como límite entre la población árabe y judía. La Comisión de monumentos conserva un dibujo de lo que fué.

En el Campo del Príncipe, y en el lugar que hoy ocupa el Hospital de Santa Ana, había una casa árabe muy grande llamada de Abulnest, que se derrumbó, y que era una de las fortalezas principales.

Casa de los Tiros.—Esta era una de las fincas solariegas de arquitectura mudéjar, con el aspecto propio de las casas feudales, con abolengo del tiempo de los árabes y mero y mixto imperio, horca y cuchillo. La construcción está basada en un alcázar árabe cuya torre principal ha sido transformada completamente. En su interior hallamos techos formados de alfaques y casetones, en los cuales hay pintados retratos, y en otros, como sucede en el zaguán ancho y espacioso de la entrada, animales y figuras de fantasia al estilo gótico, raro en Granada. En el interior se encuentran capiteles mozárabes, cartelas ó zapatas bajo aleros agramilados del buen género arábigo, y aun bajo los enlucidos de yeso en las paredes no es raro encontrar estucadas comarraxias y azulejos de suma delicadeza.

Otras casas inmediatas participan mucho del mismo carácter, y aunque menos encastilladas, son dignas de estudiarse porque en ellas se ve la modificación del gusto artístico bajo la influencia del renacimiento, y con cuanta razón hemos dicho en otra parte que el arte mudéjar en Granada tuvo un carácter más próximo del greco-romano, que del gótico hallado en otros pueblos de España.

Cuarto Real.—Dijimos en otro lugar que desde el Castillo de Bibataubín partía un lienzo de muralla que llegaba hasta una torre cuadrada y alta, llamada desde el siglo XVI Cuarto Real, y más antiguamente de Nonsará. Esta debía ser parte de un palacio, porque hemos observado que todos los edificios más ó menos importantes, estaban construídos sobre las murallas ó fortificaciones, y pertenecían á las familias de los monarcas. Así, pues, era un aposento no destinado, como han dicho algunos respetables anticuarios, á la oración, sino habitado por ilustres familias, toda vez que las inscripciones hasta aquí halladas no contienen el nombre de ningún rey moro; de donde se deduce que el Cuarto Real era una casa-palacio de segundo orden, de la cual no se conserva hoy más que un pórtico de ingreso, una sala cuadrada grande como las mayores de la Alhambra, y dos alhamíes, por haberse destruído antes de 1556 la casa que falta, según lo demuestran las inscripciones que había en ella, publicadas por Iranzo. Las que se conservan en el recinto de esta torre son todas leyendas del Korán, suras 112, 48, 11, 2, vers. 1.º, 2.º, 3.º, 90, 10, 257 á 259, alternando, según el capricho del decorador, los caracteres cúficos y africanos.

Nada más bello en su género que los mosáicos de esta torre, y es lástima que no se hayan conservado íntegras como el resto del ornato, las repisas, cenefas y pavimentos. A juzgar por el carácter de la construcción, creemos que pertenezca al final del siglo XIII, pues que la forma del arco y de los almizates, al par que la confección de los mismos azulejos, corresponde al primer siglo de la época floreciente del arte musulmán, poco antes que alcanzara el esplendor y caprichosa desenvoltura del último siglo.

Los mirtos, laureles y antiguos embovedados de los jardines parecen del tiempo de los árabes, y dan una idea de su antigüedad contemplando los robustos troncos y la forma arabesca que se ha trasmitido en Granada, para la distribución de estos singulares sitios de recreo. En los alrededores de este monumento había muchas construcciones moriscas, que se destruyeron para hacer el Convento de Santo Domingo y su huerta.