Después del cuarto central con sus bóvedas, sus claraboyas y respiraderos, pasamos á otra sala de dos alhamíes, muy semejantes á la primera, y de allí á otros pequeños cuartos en conexión con la casa de la entrada, cuyo orden es propio de estos establecimientos.

Casa del Gallo y Palacio de los Walíes.—Se hallaba en las alturas que ocupa la parroquia de San Miguel, entre varias casas de origen morisco, están revelando por su construcción que pertenecían al segundo período de la arquitectura árabe española. Veíamos en ellas esos corredores de maderas labradas con primor, balaustres en los antepechos torneados, con boceles y cordones, pilastras de madera que sostienen aleros avanzados, vigas delgadas que se apoyan en las puentes ornadas de lóbulos y boveditas y todo descansando sobre cartelas mudéjares de formas caprichosas, simulando en algunas troncos y cabezas de animales, que no eran muy comunes.

Es curioso visitar este barrio con detenimiento, y enojoso el describir objetos aislados casi siempre, que desaparecen con facilidad, correspondientes á edificios derribados ó que antes de pocos años dejarán de existir.

Entre todos se veían los vestigios de la casa de los Oidores, dignos de estudiarse; el aljibe con su arco de herradura y sus hermosas bóvedas; y el convento de Santa Isabel, que es lo que llamaremos Palacio de los Walíes.

Pedraza pensó que los restos de los torreones que se hallan en este paraje, eran edificios gentílicos, en los que se había celebrado el primer concilio iliberitano, y después, variando de opinión, lo hizo celebrar junto á la Casa del Tesoro; pero lo único que se puede asegurar es, que en este tramo de muralla estuvo la puerta que los moros llamaban Bib-Aleced donde terminaba la primera cerca.

La casa de San Miguel sirvió de recreo á algún arzobispo de Granada, y de ella se dice que el moro Aben-Habuz, walí de esta kora granadina, la hizo para su morada, y que en la parte más alta de una torre puso la veleta de bronce representando un guerrero á caballo con lanza y adarga, y con un letrero árabe en esta forma:

«Dice el sabio Aben-Habuz
que así se defiende el Andaluz»,

y las gentes que lo veían moverse desde lejos, dieron en llamarle Gallo de viento, de donde tomó el nombre la casa y calle.

Nosotros que hemos tratado de averiguar esta tradición, hallamos que el verdadero palacio de los gobernadores ó walíes estuvo, como era corriente entonces, sobre las murallas y cubos que hay por encima de la Puerta Bonaita en el actual convento de Santa Isabel, en el cual existe una torre ó mirador ornado de arabescos, con altura suficiente para dominar toda aquella barriada, y sobre la que se puede suponer la existencia de la mencionada veleta. Algunas de las inscripciones de este edificio de Santa Isabel la Real, demuestran que era habitado por magnates de los que en tantas ocasiones tomaban el título de reyes, y se rebelaban contra los emperadores de Córdoba. En él se ve un precioso patio con columnas de mármol blanco, bellos capiteles, arcos labrados, y habitaciones que conservan perfectamente las pinturas y dorados de sus finos arabescos. Los techos son de ensambladuras de madera, perfilados con delicadeza en rojo y azul. Lástima que no sea fácil obtener el permiso para penetrar en este patio y estudiar los bellos fragmentos de aquella época. Restos notables para el arte, pues que el haber sido destinado el edificio á convento, ha sido causa de que pueda trazarse hoy la distribución de sus cuartos árabes hasta el tercer piso con todos los pequeños accesorios de construcción que exijen las costumbres mahometanas.