De cualquier modo, la citada tradición de la Casa del Gallo y de que Aben-Habuz era lugarteniente del capitán Tarif, es inverosímil también, por habernos revelado las crónicas de los árabes, que los primeros gobernadores de este territorio habitaron en la ciudad de Illiberis, que se sitúa á dos parasangas de Garnata, y que en esa antigua población permanecieron á lo menos tres siglos antes de trasladar á Granada su residencia.
Recomendamos al viajero las casas y ruínas que se ven en todo este recinto de San Miguel bajo, donde hallarán restos no menos importantes que los de la Casa del Gallo: pero volviendo al palacio árabe de Santa Isabel, citaremos la tradición de que esta casa fué habitada por la madre de Boabdil, y que los moros la titulaban Darlahorra ó casa de la honesta, que en ella se refugió aquél cuando le perseguía su padre; y que estos barrios, con el edificio llamado la Lona, el cual confunden también con la Casa del Gallo, fueron habitados en los años inmediatos á la conquista por los más ricos granadinos[182].
En la casa que fué Convento del Angel en 1812, vivió el conocido pintor Juan de Sevilla, y en la casa Lona, Atanasio Bocanegra.
Casa de Hamet.—Situada cerca de San Nicolás: fué de las más importantes de la dominación mahometana. Todavía podemos hallar algunas leyendas que la suponen embellecida con capiteles de mármol de Elvira, alfreizares y linteles labrados, artesones alicatados, y otras preciosidades que en vano se buscan hoy.
Casa Blanca ó Daralbaida.—Siguiendo estos escombrados recintos, no olvidemos la casa que tenía este nombre cerca del Aljibe Dulce (por la frescura y virtudes de sus aguas) y donde una inscripción en mármol decía:
«Dios, soberano y bienhechor, crió todas las cosas y les dió perfección. Él con su aliento dió vida á Salem Alhamar, que buscando las delicias de esta tierra de paraíso, vino del África. Le trajo el espíritu de Dios y por eso quiere llamarle su padre y ser llamado su hijo».
Nótase en estos edificios, de los que hay á lo menos cuatro en la calle de María la Miel, que tienen arabescos tan delicados como los de la Alhambra. El viajero puede entretenerse algún rato en buscar entre oscuros y mezquinos aposentos, vestigios hermosos de aquella civilización olvidada.
En la calle del Agua había una inscripción procedente de un baño morisco, que entre otras cosas decía:
«Dios extendió las aguas sobre la tierra para que se purificasen los hombres. El baño es saludable y delicioso. El que quiere tener el alma limpia, ha de tener limpio el cuerpo. Las manchas exteriores son signos de las interiores. Dios quiere la purificación y la limpieza, etc., etc.».
Baños y casas de la calle de Elvira.—Existen cerca de la iglesia de San Felipe los restos de unos baños árabes, que no debemos olvidar, porque son de planta cuadrada y un poco diversos, en su distribución, de los otros. Se hallan situados en uno de los barrios más moriscos de Granada, donde se encuentran siempre patios con estanques y pórticos con esbeltas columnas, salas en los bajos con artesonados, y restos de colorido. Muy cerca se halla la Puerta de Elvira, construcción almenada, con barbacanas y pasadizos cubiertos al estilo de aquellas fortificaciones que vemos en otros parajes, pero que aquí han desaparecido.