La catedral.
La catedral de Granada es un majestuoso templo, espacioso y bien proyectado, sin que sea ni pueda ser de los más magníficos de Europa, como opinan los entusiastas. Su planta es hermosa y su elevación interior tan sublime y bien delineada, que se coloca á buena altura entre los monumentos cristianos del Renacimiento. No es difícil entrever que la disposición de sus robustos pilares repartidos en hileras y formando cinco naves es más una concepción de arquitectura gótica que greco-romana, y que no fué planteada en el estilo que representa, sino que pudo haberse dispuesto como la capilla Real gótica que hay orilla, cuya variación de pensamiento originara el conflicto que hubo con los capellanes reales cuando consiguieron una orden del Rey mandando suspender la obra por no ser gótica y parecida á la de la Real capilla; lo cual obligó al Cabildo á encargar al director que defendiese su trazado y proyecto, y consiguiera el que continuara la obra. No se necesita más que contemplar este edificio para creer en la historia de sus primeros años: el Renacimiento no es el carácter de su distribución; pero aun así, está ejecutado con tal maestría y conocimiento de las proporciones, que hay verdadera grandeza y suntuosidad en el conjunto.
Esta Metropolitana es apostólica por haberla fundado San Cecilio, que según piadosa tradición se estableció en Illiberis. Se perpetuó durante la época mahometana en la iglesia mozárabe, y después de la conquista, Inocencio VIII expidió la Bula concediendo catedral con el título de la Encarnación, y dándole por sufragáneas las Sillas de Guadix y Almería.
Consta que estuvo establecida esta Metropolita iglesia primero en la Sala de Justicia del patio de los Leones, y luego en la Mezquita mayor de la Alhambra, hoy iglesia de Santa María (y no en la del Sagrario, como se ha supuesto), de donde se trasladó á este gran templo, siendo Arzobispo D. Pedro Guerrero. Se había puesto la primera piedra de los cimientos el 15 de Marzo de 1523, y llevaba cuarenta años de obra cuando murió[183] Diego de Siloe, dejando el cuidado de concluirla á su discípulo Juan de Maeda. Queda, pues, averiguado que sólo hasta la altura de cornisas dirigió Siloe; y con efecto, ya en las bóvedas y embocinados se vuelve á sentir el gusto gótico, viciado por la ornamentación plateresca y de Renacimiento decadente.
A Maeda le sucedió en 1571 Juan de Orea, el cual adelantó poco la fábrica por estar ocupado en el palacio de Carlos V de la Alhambra.
En 1590 aparece Ambrosio de Vico, pero ya estaba hecha la notable portada del Perdón, y la mayor parte de la torre y bóvedas del Crucero, sin que hallemos noticia de este arquitecto en ningún acta; pero en 1590 se celebró una reunión de facultativos, con Vico, para resolver la necesidad de calzar de sillería la torre por no creerla muy segura.
Gaspar de la Peña, arquitecto de la catedral de Córdoba, se encargó en 1664 de acabar la obra, para lo cual informó Alonso Cano y el padre Alonso Díaz favorablemente; pero fué nombrado por el Rey director de las obras del Retiro y se fué sin concluirla.
Le sucedió Rojas, que se fué á poco tiempo á la obra de la catedral de Jaén, y con este motivo se encargó Granados interinamente de su dirección; aunque en realidad ésta estaba á cargo del insigne racionero Cano, el cual había ya trazado la fachada principal, obra de mal gusto que no corresponde á la fama del autor.
Hasta 1689[184] no fué elegido Ardemans en certamen con otros doce arquitectos, para echar las aguas á la calle y cerrar la crucería de piedra que cubre el coro. La iglesia, pues, á ser justos, no es una obra clásica del arte, pero es un magnífico conjunto de bellezas artísticas. La altura de la decoración de la puerta es de 139 pies, distribuída en cuerpos, que aunque simétricos, presentan un exterior más grande que proporcionado y bello. Casi todas las esculturas que contiene son de Verdiguier, menos la medalla que representa el Misterio de la Encarnación, que es de Risueño: las dos de los lados, de Uceda, y las de los Evangelistas, de Rojas.
La planta total de la Iglesia tiene 433 pies por 249 en el Crucero sin el espesor de los muros; la altura varía de 90 á 124 pies. El casi círculo de la Capilla mayor tiene 73 pies de diámetro. La cúpula sube á cerca de 170 pies. Tiene ocho entradas, y el pavimiento data de 1775. Veinte pilares ó grupos de columnas corintias distribuyen las cinco naves, y la Capilla mayor apoyándose en más de un semicírculo sobre ocho gruesísimos pilares, es la construcción más suntuosa y más artística en sus proporciones que tiene el templo. Se elogia mucho el rompimiento ó arco toral entre esta capilla y la nave central de la iglesia, que recogido por su clave, es una consecuencia muy natural de la intersección de la circunferencia de la cúpula, con el plano que ofrece el embocinado. Pero aparte del felicísimo y simétrico decorado de esta capilla, se ven las mejores y más notables pinturas de Alonso Cano en siete grandes lienzos que representan la vida de la Virgen; obras sobre las que llamamos especialmente la atención. No son malos los cuadros de los Doctores de la Iglesia, pintados por Atanasio; y son también dignas de mención las dos estatuas de los Reyes Católicos arrodillados, de Pedro Mena y Medrano, las cuales se evaluaron en aquel tiempo en cuarenta mil reales.