».................... Cantaron las vírgenes y los ancianos del Hedjaz: no hay más Dios que Dios, ¡Mahoma es su profeta! Poderosa es la raza Coreixi: Dios clemente ha vinculado en ella el precioso collar de Cosrroes, y las veinticinco coronas de los reyes de Iberia».
Luego describe las grandezas de la tierra que dominaban, y el poder que ejercían sobre los reyes de Alfranc, y añade:
«No entregará Dios el mundo á los que se embriagan predicando penitencia y se enriquecen ensalzando la pobreza, y se dan al libertinaje recomendando la castidad...
«Para ellos los monasterios pobres y sombríos, para nosotros los verjeles, el harém, los baños y las aljamas; aljamas revestidas en su interior de bruñidos jaspes y esplendorosos estucos, construídas de jacintos rojos y cercadas de lámparas inextinguibles.
«Para ellos claustros lóbregos y silenciosos, para nosotros cristalinas fuentes y verdes arrayanes; para ellos las privaciones de la vida triste del castillo, para nosotros la existencia risueña y tranquila de la academia; para ellos la intolerancia y tiranía, para nosotros la monarquía clemente y paternal; para ellos la ignorancia del pueblo, para nosotros la instrucción pública y gratuíta; para ellos los yermos, el celibato, el martirologio, para nosotros la fertilidad, el amor, la hermandad, las comodidades y deleites...
«Gran contienda se inaugura entre la barbarie y la cultura, entre las sombras y la luz, entre cristianos y muslimes; preparado está el mundo y dispuesto para grandes cosas, como el hierro que sale de la fragua enrojecido y solo espera la nueva forma que va á tomar sobre el yunque».
Luego anuncia la lucha de francos y árabes, los primeros contra los bárbaros de las regiones heladas, y del árabe contra las tribus del Ganges y del Indo; «un esfuerzo más, dice, y la majestuosa Bagdad se humillará ante la reina del andaluz; alcemos á Alá una aljama solo comparable á la Santa Casa de Jerusalem.
«Levantemos la Kaaba del Occidente en el solar mismo de un templo cristiano que tengamos que derruir, para que caiga la Cruz entre escombros y descuelle el Islám radiante.
«Sea su planta parecida á la de las basílicas del Crucificado, para que la Casa de Dios oprima la casa de los ídolos; átrio, pórtico, naves y santuario, todo en un recinto de cuatro ángulos y cuatro lados como la Santa Casa de la Meca».
Enumera á seguida las bellezas que tendrá la mezquita, describe la cisterna del patio, los naranjos que han de sombrear las fuentes para las abluciones, las once puertas, y las once naves, con una más ancha en el centro para adorar la quibla ó santuario; las columnas de mármoles variados formadas á manera de hueste belicosa, los arcos como banderas henchidas por el viento de la fortuna; los techos de alerce incorruptible...