En algunas mezquitas no entran las mujeres, porque son incircuncisas, y solo la sultana tiene su oratorio ó Mozala, donde reza en nombre de todas las mujeres.

Los almuédanos dicen estas palabras cuando suben á los minaretes, cuatro veces en siete tiempos. La primera, á media noche: «Dios es grande; rezar es mejor que dormir». La segunda, á las dos de la mañana, la misma. A las tres ó las cuatro dan la voz que llaman del Farol, porque ponen uno en la punta de un asta que quitan á esta hora, diciendo: «Ya quiere amanecer, alabemos á Dios». La cuarta voz es á las doce ó zenit, tremolando una bandera blanca que recogen á la una y á la voz de «Dios es grande». El viernes, día de fiesta, ponen desde el amanecer bandera azul, hasta las diez y media del día que ponen la blanca.

La quinta voz á las cuatro de la tarde, anunciando que es hora de dar de mano á todos los trabajos. En invierno es á las tres. La sexta voz mencionada la dan al aparecer la primera estrella de la noche, y la sétima voz á las nueve en el verano, que es la queda que nosotros conocemos. Se sirven del reloj de arena.

»Las vísperas de los días festivos cantan los almuédanos en la torre, con música no desagradable, durante una hora.

»Los lavatorios tan precisos para ir á la oración de la mezquita se hacen con tres objetos: El primero, después de las precisas necesidades que pide la naturaleza humana. El segundo, de los cinco sentidos corporales, bañándose los pies, las manos, las narices, los oídos y la cabeza. El tercero, es de todo el cuerpo, peinándose al mismo tiempo, lo cual se hace en los baños públicos, yendo los hombres por la mañana y las mujeres por la tarde. Nadie puede hacer la Zalah sin estos lavados».

FUNDACIÓN DE LA DJAMA
SEGÚN LOS ÁRABES

La leyenda que trata de la fundación de esta mezquita, cuenta, que Abd-el-Rhamán I se levantó un día al amanecer, y mandó á su eunuco Mansur que convocase á los jeques á consejo. Reunidos éstos, les manifestó su propósito de construir la gran mezquita de Occidente. Los autores árabes ponen en su boca un largo discurso que demuestra el estado de lucha entre las dos grandes iglesias entonces rivales. De sus mejores párrafos insertamos los que siguen:

«...El cristiano idólatra dice: Europa es la reina, Asia su sirviente. El fiel musulmán exclama: del Oriente sale la luz. Algufía duerme en las tinieblas.

»La Iglesia y el Islám se miran frente á frente como el león y el tigre... En las montañas de Alfranc deja el tigre cauteloso la presa para la vuelta: en la ciudad de Constantino devoran las hogueras los monasterios, los monges y los ídolos, y á los golpes del Castillo isáurico se va desmoronando Santa Sofía.

»Los bárbaros de las regiones del hielo se estremecen de placer en sus pellizas, esperando que un pontífice romano ponga en la diestra de Carlo-Magno el globo de Constantino; pero las hermosas hijas del Yemen celebran con zambras y cantares en sus almeas las victorias de los hijos de Ismael, que por la virtud del Korán se abren las puertas del Oriente y del Occidente.