Así se ve en las mezquitas de Elazhar, Amrú, Teherán, Damasco y Constantinopla, una tribuna admirablemente decorada cerca de otra donde se dirige el rezo y cánticos, la cual se sitúa al frente de la Quiblah, como los ábsides de nuestras catedrales; y este es el destino que podría tener esta capilla, levantado su pavimento hasta una ó dos gradas sobre el de la mezquita. Aquí hay tres naves principales y céntricas, hoy interrumpidas por el coro, y si se descubriese la moderna decoracion de las dos inmediatas á la que nos ocupa, podríamos hallar muy rica y semejante ornamentación á ésta, demostrándonos que las tres naves céntricas mejor decoradas constituían el centro del templo dedicado á los emires y doctores. Luego la capilla de Villaviciosa sería extremo de una de las tres naves citadas, frente á los sagrados nichos.

Con efecto, pudo también decorarse este sitio dos siglos después de hecha la mezquita, y por eso se nota un adelanto del arte decorativo, aunque la bóveda obedezca al estilo de las del Mihrab; lo cual se explica perfectamente: porque ya hemos dicho que en este primer desarrollo el arte alcanzó una manifestación rica y esplendente, que llegó á Granada cinco siglos después, y que en Sevilla no consiguió progreso alguno, antes bien, atraso y extravíos en imitaciones románicas. Por esta razón, la citada capilla se parece á muchas de estilo granadino; y sus enjutas, alizeres, y hornacinas grabadas en rica filigrana de tallos y palmas, son muy semejantes y quizá más hermosas que las de la Torre de Comareh de Granada. Cualquiera nota la diferencia de esta Mahsurah con las puertas exteriores de la mezquita[17].

Trasladándose al patio donde en lo antiguo había establecidas anchas fuentes para las abluciones, cuya agua se extraía de la gran cisterna que se extiende bajo un extenso jardín poblado de naranjos, se ven arcos de diversos tiempos, pilares y columnas cambiados, inscripciones arrancadas de su sitio, molduras góticas y mudejares, puertas hoy cerradas que se abrían siempre en las ceremonias mahometanas, otras más grandes al exterior que ha modificado la piedad religiosa de los siglos posteriores, restos romanos y fustes de respetables edades que supo conservar la dominación agarena, y por último, desde este espacioso átrio se descubrían millares de luces que ardían en lámparas, faroles y candelabros de bronce y plata con pintados trasparentes, dentro de las naves del templo, cuyas arañas deslumbraban y enardecían la piedad fanática de la raza dominante. De este mismo patio se cuenta, que Almanzor, queriendo ensanchar el templo y derribar casas con intención de indemnizarlas generosamente, se halló con la negativa de la dueña de una casita que había en él, la cual tenía una hermosa palmera, y que para entregarla exigía le dieran otra casa con una palmera igual; el califa mandó entonces que se le buscase lo que quería, aunque hubiese que pagar por ello un millar de dinares[18].

Recomendamos el estudio de la planta de la gran mezquita, porque en él se notan, haciendo abstracción de las obras cristianas, los tres períodos de su engrandecimiento. El de Almanzor está en el lado de Oriente, ocupando ocho naves que no guardan completa relación con las once primitivas; lo cual se observa también en los perfiles de los pilares que asientan sobre las columnas, en el trozo de los arcos, en las columnitas apilastradas, en el cincelado de los capiteles y otras obras decorativas. Las dimensiones del rectángulo mandado completar por Almanzor se encerraban en cuatro gruesos muros almenados, fortalecidos con torres albarranas, cuya mayor parte se conservan; pues que no todas las que fueron construídas en sus diferentes costados se sostuvieron constantemente. Las puertas, diez y seis, dos á Oriente, dos á Poniente, dos á Norte y diez al edificio cubierto. Las interiores, veintiuna, sin contar las pequeñas ó pasadizos de poca importancia. Obsérvese cuán prodigada está aquí la puerta rectangular, aunque sobremontada del arco de herradura, y cómo se distingue este primer período del arte árabe español.

Puerta del Perdón, en Córdoba.

La capilla, magníficamente ornamentada, de Villaviciosa, hermoso ejemplar del arte muslímico, es verdaderamente sublime en esta gran mezquita. Su lujo es lo que ha hecho presumir que fuera el lugar reservado al Kalifa y al gran sacerdote, por más que se pueda suponer destinada al pregón ó alicama de los almuédanos. En la Alaksa de Jerusalén y en Santa Sofía, hay una capilla así dispuesta para los cantores; y en otras del Cairo, para las discusiones teológicas. Parece que, según los relatos antiguos, había otra capilla al lado opuesto de ésta, que se llamaba de la Limosna, y fué destruída en tiempo de D. Íñigo Manrique. Dice Al-Makkari, que su puerta estaba por el lado de Occidente, y aún hoy se cree verla indicada todavía por dentro y fuera de los muros de la mezquita. Créese también, que supuesto son iguales las puertas todas, la que se cita de la Cámara de la Limosna, es hoy la que hay tapiada al lado del postigo de San Miguel, y la capilla la estancia donde se custodian el archivo y libros de coro. De cualquier modo que sea, nótase tan marcada diferencia en el ornato de las tres capillas citadas, que bien puede asegurarse había entre ellas períodos de dos ó tres generaciones. Desde el puro estilo persa al bizantino del Mihrab, y en los restos de la que hemos supuesto al lado de Occidente hay un progreso marcado del arte árabe, en los tres primeros siglos de aquella dominación. Hasta el siglo X no se ven las intimas relaciones de andaluces y africanos, en cuya época pudo tomar el estilo cierta analogía con el sentimiento de las razas occidentales. Después de esta fecha parece como que no hay huellas sensibles de cultura árabe en la Catedral, y que es preciso ir á buscarla en los demás edificios de Córdoba, que tan escasos son, pues que en muy cerca de seis siglos de influencia cristiana, pocos monumentos de tercer orden han podido subsistir.

Recordamos la gran abominación, como llamaban los musulmanes á la entrega que hizo Ben Sagiah al rey D. Alfonso de la ciudad de Córdoba en 1146. Los cristianos penetraron en la mezquita, ataron sus caballos á las columnas del templo, y deshojaron el Korán labrado que aquí se guardaba de los tiempos de Almanzor. Sin la venida, después, de los Almohades, ¿qué hubiera sido de esta grande obra?

Concluiremos con algunos datos curiosos sobre el uso de las mezquitas, tomados del libro Misión historial de Marruecos.

«No tienen en ellas más camarines y adornos que lámparas de azófar, latón y vidrio, que arden de noche, cuando se abren las puertas á la oración. En la pared de Oriente pintan algún adorno para que los creyentes se dirijan en sus azalas hacia este lado. Y tienen también un púlpito sobre ruedas para conducirlo al sitio donde el talbi les quiere predicar. Los patios de todas las mezquitas están enlosados con finos azulejos, por donde corren cristalinas aguas, que derraman á unos aposentos primorosos que son los lavatorios del pueblo, para los que no se han lavado en sus casas, pues nadie entra en el templo sin estar enteramente limpio. Tampoco puede nadie entrar calzado, dejándose los zapatos en el pórtico, ó en los mismos lavatorios, pues es sabido que si no se dejan vigilados se los llevan siempre los cautivos. La veneración á los templos es tan grande, que no permiten en su vecindad casas escandalosas, hosterías ni posadas, prohibiendo á los judíos que pasen calzados por delante de ellos.