[23] Esto se confirma en Córdoba, Toledo y Granada, donde los restos de mezquitas y sinagogas son siempre del estilo que se extendió por el Egipto á Africa, ó por el imperio griego, rara vez la tradición persa.

[24] Las obras del rey Don Pedro en Sevilla no pudieron ser nunca toledanas; las que se llevaron en forma de originales de Granada y Córdoba son muy patentes.

[25] La arcilla arenosa era usada en lugar de arena lavada.

[26] El autor se ha olvidado decir, que cuando se extienden la tierra y cal para formar el muro, se hace á lechos procurando que esta última vaya á la superficie de la pared.

[27] Así ocurre en las indagaciones relativas á la situación que ocupó la antigua Iliberis.

[28] En las últimas obras hechas en este Alcázar, ha llegado á cometerse el absurdo de colocar inscripciones árabes á la inversa ó al revés, como se ven en este patio.

[29] En prueba de la falta de criterio artístico que preside en muchos casos, conviene citar que hemos visto en los archivos del Patrimonio Real documentos que se ocupan de haber remitido á Sevilla, á petición del Alcaide de su Alcázar, varios arabescos «de los mejores», que había éste pedido para la restauración que se verificaba entonces. Después hemos visto colocados estos ornatos de diversas épocas y estilo en las paredes del citado Alcázar.

[30] Otro de los lamentables excesos de la restauración hecha en el Alcázar de Sevilla, ha sido el de introducir adornos vaciados en yeso para completar las labores de madera que se habían perdido. Estos quebradizos y sucios remiendos, colocados en los cuerpos movibles de las puertas, producen fatal impresión en todo el que siente la pureza y propiedad con que deben elegirse los materiales de las restauraciones. Así como á nadie se le habría ocurrido recomponer con madera un objeto de bronce, tampoco puede admitirse reparar con yeso ornamentos de madera.

[31] Kartas, pág. 138, traducción de Thornberg.

[32] Véanse las del libro de D. Emilio Lafuente Alcántara y se hallarán todas éstas con el aditamento islamítico.