Se halla este Alcázar lleno de recuerdos preciosos que no entran en el dominio de este estudio y los cuales le dan cierta importancia tradicional de sangre y de crueldades. Para alimentar la fantasía, visítense los que fueron baños de Doña María de Padilla, los jardines, el estanque, las salas ó dormitorios del piso alto, con emblemas atribuídos á Don Pedro, y ornatos bizarros de todo género; la Sala del Príncipe y el Oratorio con mosáicos platerescos y rompimiento gótico, y una multitud de cuartos, pasadizos, el patio semi-mudéjar del jardín del León y otros que los recuerdos engalanan, constituyendo un palacio sin grande originalidad, pero embellecido con las obras de seis siglos de continuo trabajo artístico. El incendio de 1762 acabó de cambiar su aspecto porque se quemaron techumbres artesonadas, comarraxias de alerce y ricas ebanisterías, cuyo desastre produjo en 1805 una modificación en la entrada y cuartos adyacentes, en el techo de la Sala de Embajadores, y en los departamentos que se llamaban del Caracol, del Yeso y del Príncipe; unido todo á las restauraciones que ya hemos mencionado de 1843 y á la tan novísima reparación que cubrió de colores los antiguos vestigios árabes, le privó del venerable aspecto de antigüedad que deben conservar á toda costa los monumentos.
Baul árabe.
No fué el palacio del rey Don Pedro el único construído en Sevilla; cerca de éste y bajo la misma alcazaba se alzaba otro restaurado en la misma época, y que se ha dejado perder hasta el caso de que no queda hoy más de una sala que muchos han creído ser la Sala de las Justicias, de aquel monarca. Este aposento es elegante aun después de haber perdido muchos arabescos, y de estar cerrado del lado donde se abría á un ancho patio, cuyos restos hemos estudiado, y á varios anditos con pavimentos de rasillas y esmaltes en grandes tamaños, de los cuales existen hermosos fragmentos. La cubierta es un almizate de gran estructura, y sus paramentos una distribución bizantina tan pura como elegante. ¿Sería el antiguo palacio de Abdalaxis, á pesar de sus inscripciones? ¿No se cambiarían éstas como se ha hecho en muchos alcázares mahometanos? Todo nos indica aquí la existencia de un edificio anterior al siglo IX, y de alguna más grandeza é importancia que la que tendrían los castillos habitados por los Walies.
INSCRIPCIONES ÁRABES
DEL ALCÁZAR
Rara es la inscripción que en este monumento se ofrece al arqueólogo con un verdadero interés histórico ó literario; ni esos fragmentos de los poemas ó casidas que hay repartidos en los muros de la Alhambra, se descubren en este Alcázar para reposar la vista y hablar á la inteligencia, realzando las heróicas hazañas de los caudillos y los primores de sus afiligranadas estancias. Aquí se lee el Korán con sus repetidas salutaciones y alguna otra alabanza á D. Pedro, en la que se han suprimido los nombres de los sultanes mahometanos y la palabra islamismo; pero conviene notar que la mayor parte de estas inscripciones son iguales á las empleadas en el Alcázar granadino, tantas veces traducidas, y sería tarea larga y enojosa acompañar á la descripción artística la relación cien veces repetida del mismo versículo, hallado en diferentes aposentos, y otras tantas interrumpido por las manos torpes que tratando de reparar la fábrica sin conocer aquella antigua lengua, han llegado hasta á colocarlo al revés ó con la letra hacia abajo, por lo que renunciamos á tan pesado relato que el curioso hallará cumplido en libros especiales, ciñéndonos nosotros á una reseña breve de lo más esencial.
En la fachada y puerta principal del Alcázar, alrededor de ajimeces y otros parajes, se leen las suras y versículos conocidos:
«Gloria á nuestro señor el Sultán».
«La gloria eterna para Alá; el imperio perpetuo para Alá».
«Salvación permanente». «Bendición».